En la Inglaterra del siglo XVI, la ola de reformas religiosas desencadenó cambios dramáticos. No se trató sólo de una lucha interna dentro del cristianismo, sino también de un acontecimiento estrechamente vinculado al poder político. Cuando la Iglesia de Inglaterra se separó gradualmente de la autoridad del Papa y los obispos, detrás de este movimiento estuvo sin duda el cambio ideológico provocado por el Renacimiento, que condujo a cambios importantes en la interpretación de la fe, el funcionamiento de la iglesia y la experiencia de fe personal.
El Renacimiento no sólo cambió la faz del arte y la ciencia, sino que también afectó la doctrina y la práctica cristianas.
La Reforma inglesa comenzó con la crisis matrimonial de Enrique VIII. En 1527, pidió al Papa Clemente VII que explicara su matrimonio con Camaric porque no podía engendrar un heredero varón. Sin embargo, la negativa papal provocó reformas en el Parlamento inglés, que permitieron que Enrique VIII fuera proclamado jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra en 1534, rompiendo la influencia papal en Inglaterra. Esta conversión religiosa por motivos políticos provoca un replanteamiento de las cuestiones fundamentales de la fe.
Con el surgimiento del pensamiento renacentista, muchos eruditos y clérigos comenzaron a defender el concepto de "regresar a la fuente", enfatizando la interpretación directa de la Biblia y el crecimiento espiritual personal. Entre los representantes de este punto de vista se encontraban Erasmo y John Collette, cuyos escritos desafiaron las creencias tradicionales y la autoridad de la iglesia en ese momento, lo que llevó a la gente a cuestionar la práctica actual de la fe.
El cambio real proviene de una recomprensión del texto mismo, en lugar de depender únicamente de la interpretación de la iglesia.
La antigua fe católica enfatizaba el ritual, la tradición y la autoridad de la iglesia, pero muchos cambios culturales han impactado estos conceptos. Los humanistas emergentes argumentaron que la fe debería ser una relación directa entre un individuo y Dios, en lugar de a través de un sistema eclesiástico. El surgimiento del luteranismo cuestionó muchos conceptos básicos relacionados con la fe, enfatizando el concepto de fe de "sólo fe".
Bajo Enrique VIII, las prácticas religiosas de la Iglesia de Inglaterra se volvieron cada vez más protestantes y, especialmente bajo su hijo Eduardo VI, la liturgia y la doctrina anglicanas se volvieron más protestantes. Sin embargo, cuando María I llegó al poder, el catolicismo fue restaurado brevemente y estos cambios provocaron divisiones religiosas y conflictos en el país. Después de que Isabel I llegó al poder, aunque regresó al protestantismo, las cuestiones teológicas y de sacrificios dentro de la iglesia quedaron sin resolver.
Las ideas del Renacimiento no sólo desempeñaron un papel impulsor en la Reforma, sino que también continuaron influyendo en los siglos siguientes. Con la nueva comprensión de la fe por parte de la gente, la exploración de textos clásicos y el énfasis en la espiritualidad personal, el panorama religioso y la estructura social de Gran Bretaña también están en constante evolución. Se puede decir que todo esto muestra el importante papel que jugó el Renacimiento en la promoción de cambios en el cristianismo.
La Reforma Religiosa no fue sólo la división de un único sistema de creencias, sino también un cambio en todo el panorama social europeo.
En última instancia, la Reforma inglesa y la tormenta intelectual provocada por el Renacimiento tuvieron un profundo impacto en el cristianismo y su relación con la sociedad. En este contexto, ¿deberíamos pensar en cómo la relación entre fe y poder en la sociedad actual remodelará el panorama religioso futuro?