La medición del riesgo es un concepto importante en las matemáticas financieras modernas. Las instituciones financieras, como los bancos y las compañías de seguros, a menudo necesitan asegurarse de disponer de capital suficiente para hacer frente a posibles pérdidas. Esto se vuelve aún más importante a medida que aumenta la volatilidad del mercado. Tradicionalmente, la varianza se ha considerado un método para medir el riesgo, pero en los últimos años, a medida que el entorno del mercado ha cambiado, la comprensión de la medición del riesgo también ha cambiado significativamente.
La medición del riesgo no debería basarse únicamente en el número de variaciones, sino que debería ser un método de evaluación más completo.
El objetivo principal de la medición del riesgo es determinar las reservas que deben mantenerse en un conjunto de activos (generalmente moneda) para que los riesgos asumidos por la institución financiera sean aceptables para el regulador. En el contexto de la volatilidad del mercado y las crecientes demandas de gestión de riesgos, la gente está empezando a reexaminar la validez de la varianza como medida de riesgo.
La varianza, o desviación estándar, se utiliza a menudo como una medida de riesgo tradicional. Sin embargo, poco a poco sus limitaciones se fueron haciendo evidentes. La varianza no tiene la transferibilidad necesaria y no es monótona, lo que significa que confiar únicamente en la varianza en la evaluación de riesgos puede conducir a decisiones equivocadas.
Los números de variación no reflejan adecuadamente las situaciones extremas que son comunes en el mercado.
Por ejemplo, para una variable aleatoria X
, incluso si la incrementamos en una constante a
, la varianza Sigue sin cambios. Esto es suficiente para ilustrar que, ante la volatilidad extrema que puede ocurrir en un mercado, la variación puede no proporcionar una evaluación de riesgo significativa.
En comparación con la varianza, los métodos actuales de medición del riesgo, como el "riesgo en riesgo" y el "riesgo excesivo", ponen más énfasis en la variabilidad y la incertidumbre del mercado. Estos métodos se centran en los riesgos de escenarios extremos, como el uso del "déficit esperado" para medir el rango de posibles pérdidas, proporcionando una herramienta de evaluación más completa.
Repensemos cómo podemos medir mejor el riesgo.
En los últimos años se han puesto en práctica medidas de riesgo coherentes y medidas de riesgo cóncavas. Estos nuevos métodos enfatizan ciertas propiedades matemáticas, incluyendo la transferibilidad, la monotonía y la regularización, que pueden describir mejor los riesgos en el mercado y así mejorar la efectividad y precisión de la gestión de capital.
En este mundo financiero que cambia rápidamente, los enfoques tradicionales para medir el riesgo se consideran cada vez más inadecuados. Sin embargo, cómo crear un marco integral de medición de riesgos sigue siendo un desafío sin resolver. El mercado no sólo necesita medir los escenarios de riesgo pasados, sino que también necesita urgentemente predecir los posibles escenarios de riesgo en el futuro.
Las métricas de riesgo futuras deberían evaluar las condiciones del mercado de una manera más holística.
En aplicaciones prácticas, las instituciones financieras han comenzado a adoptar una nueva generación de herramientas de medición de riesgos para hacer frente a condiciones complejas del mercado. Por ejemplo, medidas como el exceso de riesgo y el déficit esperado no sólo ayudan a analizar el riesgo general sino que también proporcionan evaluaciones sensibles de las liquidaciones del mercado y los riesgos de liquidez.
Las necesidades reales del mercado y de la supervisión financiera en la nueva situación exigen una reflexión exhaustiva y una mejora de los estándares de evaluación de riesgos. Obviamente, confiar únicamente en la varianza para orientar las estrategias de retención de capital ya no es lo suficientemente exhaustivo ni eficaz.
Por lo tanto, cuando reexaminamos el tema de la medición de riesgos, vale la pena pensar en qué dirección debe evolucionar la medición de riesgos en el futuro para adaptarse al entorno de mercado en constante cambio y a los requisitos regulatorios.