El virus del mosaico del tabaco (TMV) es un virus de ARN monocatenario de sentido positivo que infecta específicamente el tabaco y otras plantas de Solanáceas. Desde una ligera decoloración de las hojas hasta las características manchas moteadas en forma de "mosaico", la infección por TMV ha sido una amenaza de larga data para la agricultura. De hecho, a finales del siglo XIX se descubrió que ciertas infecciones no bacterianas afectaban el crecimiento del tabaco, y la revelación de este descubrimiento condujo al desarrollo de la virología.
En la década de 1920, Wendell Stanley cristalizó con éxito el TMV por primera vez. Esto no solo proporcionó una comprensión profunda del virus del mosaico del tabaco, sino que también sentó las bases para una serie de experimentos científicos para explorar la naturaleza del virus. Su trabajo promovió directamente el estudio de la estructura y función de los virus, lo que también contribuyó a su honor de ganar el Premio Nobel de Química en 1946.
"El descubrimiento de Wendell Stanley no sólo cambió la comprensión de los virus de las plantas, sino que también permitió a los científicos profundizar en la estructura y el comportamiento de los virus."
La enfermedad infecciosa del tabaco fue propuesta por primera vez por Adolf Meyer en 1886, y las investigaciones posteriores continuaron revelando el misterio del TMV. En 1892, Dmitry Ivanovsky abrió un nuevo capítulo en el estudio de los virus cuando demostró experimentalmente que este patógeno no bacteriano podía seguir siendo infeccioso después de la filtración. En 1903, tras la observación de cristales anormales dentro de las células, Ivanovsky especuló que el patógeno podría estar relacionado con estos cristales. Sin embargo, esta hipótesis no fue ampliamente reconocida en ese momento.
Poco después, Martinus Berenck publicó una investigación relacionada e introdujo el término "virus" en la comunidad científica. Con la exitosa cristalización del TMV por parte de Stanley en 1935, la tecnología de microscopía electrónica posterior confirmó aún más sus características estructurales, proporcionando apoyo teórico para el futuro desarrollo de la virología.
La estructura del virus del mosaico del tabaco tiene forma de bastón y consta de 2130 moléculas de proteína y un ARN de 6400 bases. Estas proteínas se autoensamblan para formar estructuras helicoidales estables. Su genoma fue determinado por una investigación de Heinz Fraenkel-Conrat y Robley Williams en 2020, que reveló que contiene cuatro marcos de lectura abiertos que codifican además la replicasa, las proteínas motoras y las cápsides. otras proteínas funcionales. Una organización y estructura tan exquisitas hacen que TMV sea extremadamente adaptable y estable en su evolución.
"La estructura del genoma de TMV no sólo es simple sino también extremadamente eficiente, lo que le permite infectar con éxito diferentes plantas huésped."
El ciclo de vida del TMV no tiene una estructura invernal y pasa el invierno en tallos y hojas de tabaco infectados, lo que facilita su rápida propagación a través de insectos y otros medios. Después de la infección, el virus ingresa a las células adyacentes a través del espacio intercelular y utiliza la proteína motora de 30 kDa (P30) para expandir los canales de la pared celular y acelerar la propagación del virus en la planta. Durante el proceso de transmisión, los movimientos de manipulación del cuerpo humano a menudo se convierten en la ruta de transmisión entre nuevos huéspedes.
Hay relativamente muchas formas de tratar el TMV, como la limpieza y desinfección, la rotación de cultivos y la búsqueda de variedades resistentes que son estrategias comunes. Además, las últimas investigaciones muestran que el uso de la ingeniería genética para modificar las plantas huésped y obligarlas a sintetizar internamente proteínas de la cápside del TMV puede prevenir eficazmente una mayor replicación del virus.
"Gracias a la tecnología moderna, los científicos son cada vez más capaces de utilizar mecanismos de resistencia naturales para luchar contra el TMV."
TMV se ha convertido en un tema popular para que la comunidad científica explore la biología estructural debido a su singularidad y su rica literatura. Los investigadores pueden generar rápidamente muestras de TMV a gran escala para cristalografía y estudios de ensamblaje viral. James D. Watson mencionó en su autobiografía "La doble hélice" que la estructura del TMV proporciona información importante para el estudio del ADN.
Además de su importante papel en la investigación virológica, el TMV también proporciona un vector para la modificación genética de células vegetales. Sus propiedades de autoensamblaje y sus aplicaciones de nanotecnología lo hacen ampliamente utilizado en los campos de chips y baterías. Sin duda, estos avances brindan nuevas posibilidades para la tecnología agrícola del futuro.
A medida que nuestra comprensión del TMV se profundice, en el futuro aparecerán más aplicaciones innovadoras. ¿Cómo afectarán nuestras vidas estos avances en el campo de la biotecnología?