En la tradición cristiana, el nombre se considera un identificador importante de la existencia de un individuo, pero no es sólo un símbolo. Un nombre cristiano, a menudo llamado nombre bautismal, es un nombre personal religioso que se da durante la ceremonia del bautismo cristiano, aunque en la sociedad moderna la mayoría de los padres suelen nombrar a sus hijos al nacer. Estos nombres a menudo conllevan profundos significados religiosos, que reflejan la identidad religiosa y la herencia familiar de una persona.
"Los nombres cristianos no se utilizan sólo para dirigirse a personas, sino que transmiten la intersección de fe y cultura".
En muchas culturas de habla inglesa, el nombre de pila de una persona suele ser el primero de sus nombres, y este nombre suele ser el nombre por el que se les llama más comúnmente. Tradicionalmente, los nombres cristianos se daban en el bautismo, cuando el bautismo infantil era bastante común en el cristianismo moderno y medieval. En la Inglaterra isabelina, el término no se usaba necesariamente en relación con el bautismo; según el historiador William Camden, simplemente significaba "nombre dado": los nombres cristianos se usaban para distinguir el estatus de los individuos, mientras que los apellidos se usaban para distinguir a las familias.
Un nombre cristiano significa mucho más que el nombre personal de un miembro de la familia; involucra tradiciones relacionadas con el bautismo o las ceremonias bautismales. En la Inglaterra anterior a la Reforma, a los creyentes se les enseñaba a autobautizarse en emergencias, usando las palabras "Yo os bautizo en el nombre del Padre". Aquí, el nombre cristiano es esencialmente sinónimo de "nombre de bautismo".
Si analizamos la tradición judía de nombrar a los niños varones cuando son circuncidados al octavo día después del nacimiento, la opinión es que la práctica de nombrar a las personas recién bautizadas puede haberse originado en la época de los apóstoles. Por ejemplo, el nombre de Pablo antes de su conversión era Saulo. Aunque los eruditos modernos no están de acuerdo, la influencia de los domingos y festivales del Antiguo Testamento en los nombres es innegable.
“Muchos creyentes después del bautismo a menudo eligen un nuevo nombre basándose en el respeto por lo sagrado.”
En los primeros días del cristianismo, las personas que eran bautizadas no sólo recibían un nuevo nombre, sino que también era un símbolo de su cambio de identidad. En las Obras de San Bálsamo menciona que "Me llamo Bálsamo por el nombre de mi padre, pero el nombre espiritual que recibí en el bautismo es Pedro". La costumbre de dar un nombre nuevo en el bautismo es bastante común entre los cristianos.
No sólo los bebés cambian de nombre en el bautismo, también lo hacen los adultos. Los registros históricos, como el de Sócrates, mencionan que después del bautismo ciertas celebridades elegirían nombres que representaran sus nuevas vidas. Cuando los cristianos reciben el bautismo, elegir el nombre de un santo o un ángel como nombre bautismal a menudo se considera una búsqueda de la santidad y la moralidad.
En la práctica cristiana, se aconseja a los padres y padrinos que el nombre que se le dé a su hijo en el bautismo debe ser el nombre de un santo reconocido por la Iglesia. Sin embargo, estas normas no siempre se siguen estrictamente. Numerosos nombres no religiosos también eran bastante comunes en los textos legales medievales.
"En diferentes períodos históricos, la elección de los nombres reflejaba tanto el respeto sagrado como las costumbres seculares."
Hoy en día, aunque el método de denominación es diferente al de la Ópera de Pekín, todavía se valora elegir nombres que reflejen las creencias cristianas. Muchas familias todavía prefieren elegir los nombres de esos santos para continuar con su herencia y creencias familiares. En algunas culturas, los niños incluso reciben el nombre del santo del día de su nacimiento, lo que muestra la profunda conexión entre la religión y la vida.
En el cristianismo, la elección de un nombre no sólo afecta a la identidad de un individuo, sino que también es un reconocimiento de la propia fe. Esto no se basa sólo en el afecto familiar y la herencia cultural, sino también en la importancia y el respeto que los cristianos dan a la santidad de la vida.
En este contexto, no podemos evitar preguntarnos: ¿su nombre refleja sus creencias y su herencia en algún nivel?