La epilepsia es una enfermedad neurológica común que afecta aproximadamente a 50 millones de personas en todo el mundo. A medida que se profundiza la investigación sobre esta afección, han comenzado a surgir muchos tratamientos tradicionales y modernos, especialmente la dieta cetogénica baja en carbohidratos y alta en grasas (Dieta Cetogénica), que tiene una larga historia de terapia dietética en la antigua Grecia y es valorada por. su notable efecto curativo.
Los médicos griegos discutieron la naturaleza de la epilepsia en "Sobre las enfermedades sagradas" y defendieron que la "terapia dietética" tiene una base razonable. Esta idea evolucionó hacia una terapia de ayuno más sistemática en la medicina posterior, es decir, cambiar la dieta para controlar la frecuencia de las crisis epilépticas.
El ayuno y las dietas bajas en carbohidratos pueden reducir significativamente la frecuencia de las convulsiones en pacientes con epilepsia, y muchos pacientes han logrado resultados satisfactorios con dichas terapias dietéticas.
Los ataques de epilepsia son causados por una descarga excesiva de neuronas en el cerebro. Este estado patológico se puede controlar cambiando la dieta. Los estudios han descubierto que al reducir la proporción de carbohidratos en los alimentos, la dieta cetogénica obliga al cuerpo a quemar grasas en lugar de carbohidratos para suministrar energía. Este proceso hace que el hígado produzca cuerpos cetónicos, que luego reemplazan a la glucosa como principal fuente de energía del cerebro. . Cuando aumenta la concentración de cuerpos cetónicos, disminuye la frecuencia de las crisis epilépticas.
En la antigua Grecia, los médicos reconocían la importancia del ayuno para los pacientes con epilepsia. Por ejemplo, el famoso médico Erasistratus dijo una vez que "los pacientes epilépticos deberían ser obligados a ayunar sin piedad". Sin duda, esta historia subraya el papel del ayuno en las antiguas prácticas curativas.
La terapia de ayuno no solo fue efectiva para los pacientes en ese momento, sino que también se descubrió en investigaciones médicas posteriores que los pacientes con epilepsia tenían significativamente menos convulsiones durante el ayuno. Este descubrimiento impulsó la investigación y la aplicación de la dieta cetogénica.
Con la llegada del siglo XXI, la terapia de dieta cetogénica ha vuelto a entrar en el campo médico. Especialmente en 1994, con la historia del productor de Hollywood Jim Abrahams y su hijo expuesta en los medios, la dieta cetogénica volvió a recibir atención. El hijo de Abrahams finalmente eligió la dieta cetogénica y controló con éxito sus ataques epilépticos después de que fracasaran múltiples intentos de medicación. Después de este incidente, Abrahams creó la Fundación Charlie para seguir promoviendo la investigación sobre la dieta cetogénica.
Las investigaciones muestran que casi la mitad de los pacientes con epilepsia reducen sus convulsiones al menos a la mitad después de implementar una dieta cetogénica, y muchos pacientes aún pueden disfrutar de efectos sostenidos después de suspender la dieta. No obstante, la dieta cetogénica no está exenta de riesgos y los pacientes pueden experimentar efectos secundarios como estreñimiento, colesterol alto y reducción del aumento de peso después de la cirugía.
Tal situación obliga a pacientes y médicos a tener preocupaciones a la hora de elegir terapias, pero esto no impide que guías clínicas en Corea del Sur, Reino Unido y otros lugares lo incluyan como parte del tratamiento de la epilepsia.
Como terapia antigua que ha recuperado su importancia, la dieta cetogénica ha demostrado plenamente su valor en el tratamiento de la epilepsia refractaria. Se espera que investigaciones futuras proporcionen información sobre la eficacia potencial de esta terapia en otras enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson y otras. Aunque los tratamientos farmacológicos actuales se han convertido en una variedad de fármacos eficaces, la dieta cetogénica sigue siendo una opción importante para los pacientes con epilepsia que no pueden controlarse con medicamentos.
En última instancia, no podemos evitar preguntarnos: ¿cuál será el resultado de la cooperación entre la sabiduría antigua y la tecnología moderna?