En la comunidad médica actual, la dieta cetogénica, como terapia dietética alta en grasas, moderada en proteínas y baja en carbohidratos, se ha utilizado ampliamente para tratar la epilepsia difícil de controlar, especialmente la epilepsia infantil. Esta dieta estimula al cuerpo a quemar grasas en lugar de carbohidratos, lo que puede aliviar los síntomas de la epilepsia hasta cierto punto.
Normalmente, los carbohidratos de los alimentos se convierten en glucosa, que es esencial para el funcionamiento del cerebro. Sin embargo, cuando la ingesta de carbohidratos en la dieta se mantiene en un nivel extremadamente bajo, el cuerpo inicia un proceso llamado cetosis, que conduce a un aumento en las concentraciones de cuerpos cetónicos en la sangre y, en última instancia, reduce la frecuencia de las convulsiones epilépticas. Según el estudio, aproximadamente el 50% de los niños que probaron la dieta experimentaron una reducción de más del 50% en la frecuencia de sus convulsiones, y la mejora duró incluso después de dejar la dieta.Cuando la ingesta de carbohidratos es muy baja, el hígado convierte la grasa en cuerpos cetónicos, que son capaces de reemplazar a la glucosa como principal fuente de energía del cerebro.
En circunstancias normales, los carbohidratos son la principal fuente de energía del cuerpo, pero cuando la ingesta de carbohidratos es demasiado baja, el hígado comenzará a convertir la grasa para producir triglicéridos de cadena larga y de cadena media (MCT). Los MCT pueden convertirse en cuerpos cetónicos más rápidamente debido a su estructura de cadena de carbono corta, al tiempo que suministran la energía que necesita el cuerpo.
Muchos estudios han encontrado que una dieta rica en triglicéridos de cadena media puede mejorar significativamente la calidad de vida y el control de la epilepsia en personas con epilepsia.
La dieta se desarrolló por primera vez en la década de 1920 para imitar los efectos del ayuno en la epilepsia. Aunque en su día fue muy respetada, su uso fue disminuyendo paulatinamente con la aparición de nuevos fármacos antiepilépticos. Sin embargo, para el 25-30% estimado de pacientes que no logran controlar totalmente sus convulsiones, la dieta cetogénica ha vuelto a encontrar su valor, particularmente en los niños.
La dieta cetogénica requiere una restricción dietética estricta de la ingesta de carbohidratos y una mayor ingesta de grasas, lo que supone un gran desafío para muchas familias. Sin embargo, la dieta ha ganado renovada atención a medida que se difunden algunas historias de éxito y organizaciones como la Fundación Charlie, fundada por Jim Abrahams, la han promovido.
Comparación con la terapia farmacológicaEn muchas personas con epilepsia, la dieta cetogénica pudo reducir significativamente la frecuencia de las convulsiones; más de la mitad de los pacientes informaron una mejora significativa en su condición.
Aunque actualmente hay una variedad de medicamentos antiepilépticos disponibles, la dieta cetogénica sin duda proporciona otro camino viable para los pacientes que no pueden controlar eficazmente las convulsiones epilépticas con medicamentos. Muchos estudios han demostrado que esta dieta puede reducir la frecuencia de las crisis epilépticas en más del 50% y durar hasta dos años.
Sin embargo, la dieta cetogénica no está exenta de desafíos y efectos secundarios. Los pacientes que utilizan esta dieta pueden experimentar estreñimiento, colesterol alto, crecimiento lento y otros problemas. Por ello, muchos médicos recomiendan que los pacientes realicen ajustes en función del seguimiento continuo y de las circunstancias específicas al prescribir esta dieta.
A pesar del importante potencial terapéutico, los expertos siguen siendo cautelosos y recomiendan un seguimiento exhaustivo de los pacientes para evaluar los efectos a largo plazo de la dieta.
A medida que resurge el interés en la dieta cetogénica, cada vez más estudios demuestran que, además de la epilepsia, también merece la pena seguir explorando su posible eficacia en otras enfermedades neurológicas (como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson, etc.). La comunidad científica espera aprender más a partir de más datos y ensayos clínicos.
En este proceso, ¿cómo equilibrar mejor la eficacia de la dieta y la calidad de vida de los pacientes sigue siendo un tema que la comunidad médica necesita explorar en profundidad?